¿Qué defendemos?

Nosotros no proponemos “nuestro programa”, completo y acabado, porque sería extremadamente minoritario, incompleto y seguramente abstracto. Por el contrario, tratamos de integrar y desarrollar las alternativas que están planteadas por las movilizaciones reales, estableciendo una “tensión” entre esas luchas concretas y el objetivo último de transformación social total. Intentamos crear análisis y propuestas en los  movimientos reales en los que estamos, con todos los compañeros. Establecemos así una relación dialéctica entre esta organización y esos movimientos, a los que, a diferencia de algunas organizaciones, no consideramos simples correas de transmisión de decisiones externas, sino los verdaderos protagonistas de las luchas sociales.

Sí tenemos muy claras algunas cuestiones centrales que conforman la alternativa que proponemos.

1. El único sujeto posible de la transformación social radical es la clase proletaria en su conjunto. Una clase de la que nosotros no somos sino una parte más. Defendemos la autoorganización democrática de las masas proletarias, de abajo a arriba y sin jerarquías. Ninguna autoproclamada “vanguardia”, ninguna parte del proletariado (ningún “partido”) puede suplantarla ni dirigirla. Porque hoy tiene más validez que nunca la consigna de la Internacional: LA EMANCIPACIÓN DE LOS TRABAJADORES SERÁ OBRA DE LOS PROPIOS TRABAJADORES. La Historia nos ha demostrado cruelmente que nadie va a salvarnos.

2. Defendemos la democracia directa y radical (desde abajo, desde la raiz), que consideramos indisolublemente unida al comunismo. Esa democracia es la completa socialización del poder, de todo el poder. Por tanto, no puede ser sólo política, sino que tiene que abarcar todos los ámbitos de la existencia, comenzando por la economía.

Así pues, y para que quede muy claro, afirmamos que el luxemburguismo nunca pretenderá abolir la democracia. Al contrario, intentará siempre que la democracia sea una verdadera realidad. Consideramos que lo que hoy se entiende por democracia (la democracia formal o representativa burguesa) no es más que una versión limitada y mutilada de ésta. Además, la globalización muestra cada vez más claramente la incompatibilidad entre capitalismo y democracia, sea cual sea la concepción que de ésta se tenga.

Apostar por esa democracia real y directa implica incidir en los mecanismos democráticos actualmente existentes (concejos abiertos, consejos de barrio, de distrito, órganos de participación de asociaciones,…), desarrollándolos y haciéndolos lo más participativos que sea posible. Así como proponer otras vías que la promuevan a todos los niveles. Y apoyar todas las formas organizativas asamblearias  y defensoras de la acción directa que hoy existen: asambleas de trabajadores, asambleas universitarias,… Tenemos muy claro que esa democratización, ese asamblearismo, tiene que ser una apuesta clara por nuestra parte. Pero hay que impulsarla desde lo realmente existente y desde las experiencias históricas reales que nos puedan servir como referentes. Porque muestran el camino a seguir.

3. Defender la democracia no significa en modo alguno que excluyamos la necesidad de la Revolución, entendida como la insurrección generalizada del proletariado contra el sistema capitalista. Todo lo contrario: no nos hacemos ilusión alguna respecto de la posibilidad de llegar al Socialismo a través del parlamentarismo burgués. Pero sabemos que cualquier revolución socialista exige la masiva intervención de las masas, y excluye cualquier golpe de estado dirigido por una minoría.

Eso, unido a nuestra defensa de la democracia y de la abolición de toda división clasista, nos hace rechazar que pueda considerarse “socialistas” o “comunistas” a los regímenes que así se autoproclamaron o autoproclaman: URSS, China, Cuba, Venezuela,… Menos aún aceptamos que tenga algo que ver con el socialismo Corea del Norte (un régimen que sólo puede ser considerado como un enorme campo de concentración, como una tanatocracia). No negamos que se desarrollaran o desarrollen procesos revolucionarios en muchos de esos países. Pero los sistemas resultantes mantuvieron y/o mantienen la acumulación capitalista y la explotación y la represión del proletariado, sustituyendo a una clase explotadora por otra. Por tanto, caracterizamos, de manera general, a esos regímenes como sistemas de capitalismo de estado o capitalismo burocrático de estado.

4. La contradicción fundamental hoy sigue siendo la que se establece entre Capital y Trabajo. El capitalismo, por su propia naturaleza, nos roba la riqueza que los proletarios producimos de manera colectiva, y la pone al servicio de intereses privados y del propio proceso de reproducción ampliada del capital, de su acumulación.

El capital necesita robarnos para subsistir. Y también nos impide controlar el resto de ámbitos de nuestras vidas, sometiéndonos a sus ritmos e intereses. Por eso nuestro objetivo básico es la revolución social, la socialización de todos los medios de producción y de toda la riqueza producida, y la conformación de una sociedad en la que todos seamos verdaderamente iguales y libres: UNA SOCIEDAD COMUNISTA RADICALMENTE DEMOCRÁTICA.

Constantemente nos preguntamos cómo se puede llevar a cabo la socialización. Fiarlo todo a “cuando se haga la revolución”, como hacen de manera autocomplaciente algunos grupos, no sirve de nada. La socialización, al igual que la democratización, no es un momento, sino un proceso. Por eso nuestra posición deberá concretarse en exigir en cada momento y situación el mayor control y distribución de la riqueza posibles en función de las posibilidades reales, aportando fórmulas concretas. Para ello habrá que defender y exigir la participación en la toma de decisiones (algo que vaya más allá de eso en lo que han quedado los presupuestos participativos), la autogestión, los mecanismos asamblearios, la “soberanía” de productores y consumidores, los referendums a diversas escalas (no sólo estatales), la equidad y la justicia social, el sostenimiento de los servicios públicos, y cualquier mecanismo que se considere factible y se oriente hacia el objetivo de conseguir una completa democracia económica. Es necesario incidir en que todos los derechos (empezando por los económicos) sean verdaderos derechos, reclamables y exigibles, y no la burla que son hoy.

Es preciso aclarar que para nosotros no es lo mismo nacionalización (o estatalización) que socialización. La nacionalización sólo puede ayudar a la socialización desde los controles democráticos, no estatales sino directamente ejercidos por el proletariado y el conjunto de los ciudadanos sobre las entidades eventualmente estatalizadas: desde los trabajadores directamente implicados a los vecinos y consumidores. Todos los afectados en general por la actividad y, en último extremo, el conjunto de la sociedad.

5. Nuestra estrategia es clara: los procesos de huelgas políticas de masas, asamblearios, radicalmente democráticos, heterogéneos y múltiples, que logren desarrollar la revolución, abolir el capitalismo y construir el comunismo. Es mediante estos procesos, no sólo por acciones electorales o sindicales, que los trabajadores pueden convertirse ellos mismos en una clase consciente capaz de dirigir la sociedad. Son las luchas las que crean activistas y militantes, no a la inversa. Por eso apoyamos todos los esfuerzos y todas las luchas que cuestionan el capitalismo y tratan de transformarlo en un sentido socialista.

Las huelgas de masas no pueden predecirse ni decretarse. Nunca ha podido hacerse. Es en ese sentido que son espontáneas y que nosotros defendemos lo que se conoce como espontaneismo. Porque la organización nunca precede a la lucha, sino que se genera en, por y para la lucha. Porque la Historia ha demostrado una vez tras otra que la existencia de grandes organizaciones obreras no es garantía de revolución. Y que la ausencia de esas grandes organizaciones no es obstáculo para que se desarrollen procesos de cuestionamiento total de la realidad. Son muchos los ejemplos de procesos que se han desarrollado incluso contra las expectativas que tenían las organizaciones de izquierda, sorprendiéndolas.

Lo anterior nos hace también tener claro que de nada sirve que separemos las luchas en “reformistas” y “revolucionarias”. O en “defensivas” y “ofensivas”. Porque la experiencia nos muestra que las luchas pueden cambiar su “caracterización”. Lo han hecho frecuentemente en el pasado. Algo que empieza siendo concreto puede acabar reclamándolo todo. La lucha por la estricta supervivencia puede transformarse en la lucha por la emancipación total. Y viceversa.

Eso muestra la vinculación entre Reforma y Revolución. Por eso hay que participar, como miembros de la clase y como miembros organizados de la clase, en las luchas que se desarrollan en nuestros ámbitos. Comenzando, precisamente, por aquellas que reivindican lo más básico o elemental para nuestra subsistencia. Y apoyar, con todas las críticas que sean necesarias, otras luchas que tienen lugar por todo el Planeta. No nos queda más remedio. Si supiéramos de antemano cual es la lucha que llevará a la revolución mundial, cual es “el caballo ganador” al que hay que apostar, todo sería muy sencillo. Si fuese posible adivinarlo, ¿no se habría adivinado ya?

Sabemos que, bajo el yugo del capital, todas las conquistas obreras arrancadas a la burguesía son insuficientes y temporales. Pero son conquistas importantes, que han permitido subsistir a muchos proletarios, que han elevado su conciencia de clase, y que han costado mucho esfuerzo (y sangre) al proletariado. Por eso las defendemos y luchamos por más. Rechazamos cualquier estrategia basada en “cuanto peor, mejor”, tan propia de iluminados, y no tememos que se nos acuse de “reformistas” por implicarnos en las luchas por mejorar nuestras condiciones de vida. Preferimos esa acusación a quedarnos sentados en casa “pensando”, como otros hacen. Porque nosotros también somos hijos de las luchas de nuestro tiempo, de luchas concretas.

6. Somos una organización internacionalista, y que tratará de articularse directamente a nivel mundial. Sabemos que el socialismo y el comunismo sólo son concebibles y realizables a escala mundial. Ha sido el propio capitalismo el que ha generado en su interior la posibilidad de ser superado. Ha creado a su posible sepulturero, al proletariado. Y ha creado las condiciones para la emancipación de toda la Humanidad.

El capitalismo se ha extendido hasta dominar todo el Planeta y a todos los seres humanos. Ha sometido a todas las sociedades, desarrollando un proceso por el que la inmensa mayoría de la Humanidad se ha convertido en proletariado. Eso es lo que significa en primer lugar la Globalización, lo que confirma plenamente la tendencia del capitalismo observada por Rosa Luxemburgo: “La producción capitalista se extiende a todos los países, ya que no sólo los conforma econó­micamente a todos del mismo modo, sino que los articula en una única, gran economía capitalista mundial.”

En todos los lugares, los intereses fundamentales de los proletarios son los mismos. Y sólo luchando todos contra la explotación capitalista global podremos emanciparnos. Eso nos hace luchar también por la abolición de todos los estados y de todas las fronteras, y rechazar, como caducas y reaccionarias, todas las propuestas nacionalistas. Y, de forma coherente, nos lleva a luchar por la igualdad de derechos de todos los seres humanos, independientemente de su lugar de nacimiento. Rechazamos todas las leyes y normas que impiden la libre circulación de las personas, que las discriminan y recortan sus derechos, y que fomentan la xenofobia y el racismo. Asumimos plenamente todas las implicaciones de las consignas: ¡Ningún ser humano es ilegal! y ¡Ni patrias ni fronteras!

7. El capitalismo global está en crisis. En un momento de colapso económico global, el análisis que hizo Rosa Luxemburgo de los mecanismos de la acumulación global del capital sirve no sólo para interpretar la expansión del capitalismo a escala mundial, sino sobre todo para comprender cómo y por qué el capitalismo alcanzará inevitablemente sus límites últimos. Probablemente, ya lo está haciendo. Por eso recogemos ese análisis, al igual que hacen otros muchos analistas, conscientes o no de su filiación luxemburguista.

Asumimos la significación de la consigna ¡Socialismo o Barbarie! tal como la entendiera Rosa Luxemburgo. Esa consigna contiene una interpretación del derrumbe del capitalismo. Una interpretación distinta de las expuestas por otros marxistas. Y que plantea las dos tendencias posibles de la evolución histórica futura.

Rosa puso de manifiesto el límite objetivo del capitalismo, su carácter finito. Esa objetividad es fundamental, porque de lo contrario todo quedaría a la “libre voluntad”, conforme a los mismos patrones de los utopistas. Esta interpretación descarta todo mecanicismo, toda teleología, pero también todo idealismo utópico, demostrando que el derrumbe del capitalismo y la revolución socialista no son cosas indivisibles, que el fin del capitalismo no depende de la revolución. Y plantea que, al final, el proletariado ha de ser libre, ha de elegir. En eso consiste ser libre. Pero sobre lo realmente existente, movido por su realidad material generada por el mundo de la producción material. No por una especie de destino manifiesto o porque sencillamente lo desee o haya sido convencido por una bella teoría.

También pone de manifiesto esta consigna que la existencia continuada del capitalismo conducirá a la Humanidad a un período prolongado de decadencia y por último, si se permite que continúe, a una nueva edad oscura de Barbarie en la que la mayoría de los seres humanos, sencillamente, sobraremos. Su análisis muestra por qué la transformación revolucionaria, el final del capitalismo y la apropiación social de toda la riqueza, son esenciales, vitales hoy para la inmensa mayoría de la Humanidad. Si quiere subsistir.

8. Somos antimilitaristas. Las guerras son la expresión más atroz de la locura en la que el capitalismo nos sume. Pero el militarismo, entendido de manera amplia, va mucho más allá de la destrucción que las guerras producen. Es una pieza esencial en el funcionamiento del sistema capitalista, porque lo necesita para expandirse.

El militarismo permite al capital, a costa de la riqueza producida por todos, mantener sus tasas de acumulación. Así los impuestos que los ciudadanos pagan se destinan en gran parte a sufragar lo que hoy se conoce como complejo militar-industrial, uno de los pilares fundamentales del crecimiento económico. En tiempos de crisis global como los actuales, este trasvase de rentas a manos de las corporaciones armamentísticas crece. Y todos podemos hacernos una idea de cómo será “realizada” esa producción, de cómo se “eliminarán los excedentes” para continuar produciendo. Por desgracia, tenemos ya demasiados ejemplos.

El militarismo también es un mecanismo fundamental en el proceso de implantación global del capitalismo como modo de producción hegemónico. Así lo demuestra la Historia, que evidencia cómo todas las sociedades han sido forzadas a someterse al poder del capital. Las que se han resistido, han sucumbido ante ese poder militar. Es lo que la izquierda siempre ha denominado Imperialismo.

Y el militarismo también ha servido y sirve a la gran burguesía para garantizar su control social sobre la mayoría de la población, porque todos sabemos quién controla en última instancia las armas y los ejércitos, y cómo éstos sirven en primer lugar para reprimir al pueblo. Eso es lo que se esconde en realidad tras las supuestas “guerras contra el terrorismo” y las campañas para “mejorar la seguridad”. Nada hay más terrorista que los estados. Y nada más inseguro para la mayoría que el capitalismo.

Por todo esto nos oponemos a toda expresión del militarismo, luchamos por el total desarme y la desaparición de los ejércitos, y por la transformación de todas las industrias armamentísticas en industrias que produzcan cosas verdaderamente útiles para la inmensa mayoría.

9. Somos radicalmente ecologistas. El capitalismo está dañando de manera irreversible el Planeta y está poniendo en peligro incluso nuestra supervivencia como especie. Es una prueba más de la Barbarie a la que nos lleva. La lógica del Capital es la lógica del beneficio inmediato. Y nada puede hacer para cambiar esa necesidad depredadora. Hoy tenemos la capacidad de producción necesaria para garantizar una vida digna a muchos más de los que habitamos la Tierra. Y, sin embargo, hay más pobres y necesitados que nunca.

Si queremos conservar la Naturaleza y con ella a nosotros mismos, necesitamos destruir el capitalismo. Asumimos la consigna que ya muchos alzan, ¡EcoSocialismo o Barbarie! Porque sabemos que el Socialismo también significa respeto a la Naturaleza. Y es así porque cuando entre todos decidamos qué necesitamos, qué producimos, y cuántas horas trabajaremos para satisfacer esas necesidades, sabemos que dejaremos de producir y consumir masivamente productos innecesarios que sólo sirven para mantener las tasas de acumulación del capital. Entonces dejaremos de ser esclavos del trabajo y del capital. Trabajaremos para vivir y no viviremos para trabajar. Entonces nuestra relación con el Medio Natural del que formamos parte será otra muy distinta.

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3 Responses to ¿Qué defendemos?

  1. Nuno Cardoso da Silva dice:

    Partilho da maioria dos vossos ideais e projectos, mas tenho uma reflexão de base sobre este assunto:

    A organização espontânea, a construção de baixo para cima, por muito desejável que seja, tem um grande obstáculo pela frente. Excepto no curto prazo e em situações de crise, a grande maioria das pessoas não se mobiliza para nada. Quando não há problemas prementes, a maioria das pessoas não se quer incomodar com decisões. Preferem que outros decidam por si e só actuarão se essas decisões produzirem maus resultados. As vanguardas podem ser ideologicamente desejadas, mas podem também ser a consequência da passividade e da abstenção. Quando se convoca uma assembleia e apenas 5% aparecem, que fazer? Voltar para casa ou decidir com os 5% presentes? A vontade participativa das massas é uma realidade ou uma ilusão?

    • luxemburguismo dice:

      La pasividad de muchos es algo evidente. Pero también es evidente que es el propio sistema capitalista el que fomenta esa pasividad, a través de diversos mecanismos alienantes.
      La cuestión es que, porque somos materialistas, sabemos que son y serán las propias contradicciones del capitalismo las que obligarán a todos a enfrentarse al sistema, a elegir entre las dos vías de la consigna, ¡Socialismo o Barbarie! Pese a todos los miedos y alienaciones que se puedan tener.
      También sabemos que sólo en ese momento, cuando todos nos veamos forzados a enfrentar nuestra situación, existirá la posibilidad de cambiar el mundo y crear una sociedad radicalmente distinta, una sociedad comunista. Porque la Historia nos ha mostrado que es inviable cambiar el mundo en nombre de la mayoría.

      Si quieres, puedes también exponer tus planteamientos en el Foro Luxemburguista Internacional.
      SALUD

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